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Las 12 lecciones de liderazgo que dejó la visita de Francisco a Colombia


NUEVE MINUTOS DE LECTURA ·· NIVEL BÁSICO
11 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Reflexionemos sobre las enseñanzas en liderazgo ideológico, político y empresarial, que nos quedan a los colombianos después de la visita del papa.

«¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!».
Francisco

La visita del máximo líder de la Iglesia católica fue un gran acontecimiento para la mayoría de los nacionales, y en general para los muchos feligreses en Latinoamérica. Pocas personas —independientemente de la fe que profesan— fueron ajenas al mensaje y carisma del papa Francisco; básicamente porque el cubrimiento de los medios de comunicación fue intenso, las ciudades se volcaron a las calles para asistir a sus eventos y las redes sociales se inundaron con sus reflexiones y comentarios. Fueron cinco días llenos de enseñanzas y aprendizajes, y no exclusivamente religiosos.

Alejándonos de lo meramente espiritual —que no es nuestro tema y que no tocaremos en absoluto—, la visita del papa dejó unas fuertes enseñanzas en liderazgo. Unos mensajes contundentes que deben servir a los líderes empresariales y políticos y a las personas del común. Francisco, un papa que se vio poco convencional, nos demostró en menos de una semana su enorme capacidad de comunicación, su profunda cercanía con la audiencia, su alta disposición de trabajo y su absoluta entrega a sus ideales y misión. Todas ellas características propias de los grandes líderes. De aquellos que se quedan inmortalizados en los libros de historia.

Para comenzar, el papa Francisco reafirmo en su visita el concepto que define el liderazgo como un asunto compartido, que no se debe centrar en una única persona sino en un colectivo. Porque creer que un individuo es capaz solo de guiar a un grupo numeroso es engañarse. Esta lección debe ser asimilada por las empresas y la sociedad, que en muchos casos piensan que la responsabilidad se debe acumular en vez de distribuir. Además, el líder de la Iglesia católica, nos insistió en que el buen liderazgo es aquel que nos hace evolucionar. Nunca habíamos visto un papa tan decidido al cambio y a la actualización; es por esto que creemos que atrajo tanta atención de propios y extraños.

¿Qué pueden extraer los líderes de la visita del papa Francisco?

Empecemos por una enseñanza que aunque no fue evidente, sí fue notoria para algunos: si no lo disfruta, no lo haga. Al papa se le vio satisfecho y comprometido en todos los actos, que fueron muchos. Demostró pasión, el ingrediente secreto del éxito. En cada uno de los eventos que presidio fue visible su conocimiento del lugar y momento, su vitalidad y entusiasmo y sus ideas. Estuvo receptivo y crítico, incluso sacudiendo en algunas intervenciones a su organización para sacarla de la zona de confort. Pero esta fue quizá la menos evidente de las enseñanza, hay muchas más; recogimos otras doce, más notorias, que les compartimos a continuación:

1. Una buena actitud

Si nos vemos obligados a hacer un ranking con la más reiterada de las enseñanzas de Francisco, su buena actitud ocupa el primer lugar, sin dudas. Lo que vivió el papa en los cinco días que estuvo en Colombia fue una agenda intensa, exigente y agotadora en lo físico, repleta de desplazamientos y eventos, y él siempre se mostró enérgico y con buena actitud, nunca se le vio un mal gesto. Su actitud siempre fue positiva, independientemente de cuan cansado pudiera estar, que de seguro lo estaba.

La buena actitud es muy difícil de sostener, sobretodo porque los líderes siempre absorben las dificultades de su equipo y les toca lidiar con el cansancio personal y colectivo. Pero cuando esa actitud se logra, termina transformándose en un gran activo, que irradia el entorno y mejora el clima de trabajo. Lo positivo hace que el cerebro sea más productivo y esté más comprometido.

2. Estar disponible para todos

¿Cuántas personas se le acercaron al papa durante cada uno de los eventos públicos y privados de su visita? Ni idea, es una pregunta difícil de responder, porque la cifra debe ser enorme. Eso sí, estamos seguros, y fue visible que a todos y cada uno de los que se le acercaron les entregó su atención. Aún con una agenda rigurosa y repleta, Francisco se tomó unos segundos para prestar atención a todo lo que le decían, y respondía con paciencia. Los guías que son inalcanzables, incluso para su equipo, se aíslan y terminan fracasando en su intención de liderar.

3. Ser decidido

La principal tarea de un líder, en gran medida, es decidir. Elegir un camino para luego convencer a quienes lo siguen de que esa es la ruta apropiada. La decisión se hace evidente en un gran líder especialmente cuando le toca comunicar verdades incomodas, cuando debe elegir lo impopular o cuando se enfrenta a una opinión opuesta. El papa nos mostró una decisión inquebrantable, se paró enfrente de muchos a presentar y defender sus ideas, se salió de los libretos políticamente correctos y compartió su mensaje sin dudas, con respeto, pero con determinación.

4. Escuchar con atención

Escuchar es una de las capacidades más subvaloradas por las personas. Nos encanta hablar, pero nos da pereza oír lo que los demás tienen para decir. En su visita, Francisco mostró una enorme habilidad para dar discursos, pero también para escuchar. Tenemos que aprender a escuchar con atención y a tomar nota de las cosas importantes que otros dicen, a hacer que el interlocutor se sienta escuchado y que perciba que estamos atendiendo cada una de sus palabras, esto marca la diferencia en un dialogo —y cuando ese dialogo hace parte de una interacción como equipo, construye confianza y unión—.

5. Tratar siempre de unir

«En este entorno maravilloso, nos toca a nosotros decir sí a la reconciliación».
Francisco

Si algo quedó claro con el mensaje del papa fue su insistencia en que en la vida es mucho mejor tener un enfoque conciliatorio. Imponer nuestras ideas a los demás, cerrando todas las puertas para el dialogo, es la peor de las actitudes como persona y como líder. Centrarse en los puntos de contacto, más allá de las diferencias, nos ayuda a construir colectivos. Y un colectivo siempre será más poderoso que un individuo, por más fuerte e influyente que ese individuo sea.

6. Ser modesto

Somos fanáticos del yo, nos encanta sobresalir. Pues bien, si algo le aprendimos al papa en su visita es que este deseo tan humano no aporta nada. Pocas veces escuchamos a Francisco hablar en primera persona; por el contrario, el nosotros fue recurrente en su discurso. Sumarse al grupo, verse como parte del equipo es una cualidad de los líderes que se destacan. Un equipo fuerte y con cohesión hará que el líder figure, mientras que un líder obsesionado por su figuración acabará con el equipo.

7. Estar abierto a aprender y enseñar

Otro de los rasgos sorprendentes de la personalidad del papa, que quedó en evidencia en su visita a Colombia, fue su deseo permanente de aprender. Cada objeto, cada baile o demostración folclórica que recibía la atendía y despertaba su interés. Los grandes líderes saben que en cualquier momento y de cualquier persona pueden llegar enseñanzas importantes, reconocer esto nos abre al conocimiento. También, Francisco nos mostró que se aprende y se enseña más haciendo que pensando.

8. Respetar, por encima de todo

En ninguno de los discursos del papa en Colombia se oyó un comentario destemplado hacia aquellos que tienen puntos de vista diferentes. Aunque usó adjetivos, se notó el respeto por la opinión contraria. Es más, se mostró promotor de la libertad de expresión. El mensaje fue claro y contundente, debemos abrirnos a las opiniones y respetarnos, aún cuando las diferencias sean extremas. Una lección importante para muchos líderes que no impiden que se aplasten las opiniones de las minorías.

9. Reflexión y vehemencia

No hay que pensar que la vehemencia es un comportamiento negativo, sobretodo cuando nace de una reflexión profunda. Decir algo con fuerza impetuosa, con pasión, es una actitud importante en los líderes. Ahora, no se puede confundir la vehemencia con terquedad o intransigencia. Ser vehemente no significa ser terco o tozudo. La vehemencia que se nutre de la reflexión y el respeto es muy positiva. Asumir una postura vehemente, sin que resulte intransigente, obliga haber previamente escuchado, analizado y contrastado los diferentes puntos de vista de una situación. La vehemencia nos obliga a asumir los compromisos y responsabilidades en primera persona, con valentía y humildad.

10. Exaltar al equipo

La historia se ha cansado de demostrarnos que la colaboración es la clave del progreso. En la actualidad, trabajar solo es estúpido. Francisco nos mostró las bondades de agruparnos y de exaltar los logros del colectivo. Nunca vimos afán en el papa por apropiarse de un reconocimiento. Nunca se percibió en él el deseo de sobresalir, siempre habló en nombre de su colectividad.

11. Hacerse comprensible

La única forma de liderar es haciéndose entender. Los grandes líderes simplifican y se hacen universalmente comprensibles. Para poder guiar es necesario desarrollar una comunicación clara y fácil. Francisco hizo un gran esfuerzo para llevar su mensaje a todos. Además, trató de condensar su mensaje y de transmitirlo de múltiples formas. Los grandes líderes evitan los discursos elaborados y, sobretodo, usan el lenguaje verbal y no verbal —acciones ejemplificantes— para hacer que el grupo entienda y se apropie de las ideas. En Colombia, el papa predicó y aplicó.

12. Creer en el otro

Esta enseñanza se nutre de la doctrina que profesa el papa. Creer en el otro, dar segundas oportunidades, es la esencia del liderazgo. Confiar en las buenas intenciones de los demás y comprometerse. Los líderes respaldan a su equipo, lo cuidan, protegen y cultivan.


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