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Las 10 palabras que tenemos que borrar del vocabulario

Las 10 palabras que tenemos que borrar del vocabulario. Reflexionemos sobre las expresiones y actitudes que usamos constantemente para detectar cuáles son las palabras que tenemos que borrar del vocabulario.

Reflexionemos sobre las expresiones y actitudes que usamos constantemente para detectar cuáles son las palabras que tenemos que borrar del vocabulario.

Lenguaje es una palabra que proviene del occitano lenguatge —el occitano es una lengua romance de Europa— y, según el DLE, significa: «Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos». Wikipedia, por su parte, da otra definición interesante: «Un lenguaje es un sistema de comunicación estructurado para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales». 

Tomando un poco de las dos definiciones, el lenguaje, entonces, es un instrumento que combina el correcto uso de palabras y expresiones corporales para transmitir un mensaje. El comportamiento sumado con las palabras crea un mecanismo que nos permite expresarnos, entender y comunicarnos con el entorno. Todas estas son actividades de extrema importancia para el marketing y los negocios.

Usar las palabras correctas es crítico para crear ambientes propensos al éxito

¡Por eso es importante hacer una lista con las palabras que tienes que borrar de tu vocabulario!

Las organizaciones y las personas, en general, deben ser cuidadosas con el uso de las palabras. Con las palabras se expresan intenciones que impactan los estados de ánimo, las motivaciones y las formas de actuar. El uso y el abuso de algunas palabras altera el comportamiento, limita el alcance e incide en el accionar.

Las palabras son una herramienta poderosa para forjar actitudes —un tema que abordamos con mucho detalle en el artículo que publicamos la semana pasada—. Con el lenguaje se cambian los hábitos y los comportamientos —obviamente no es un tema simple ni inmediato—. Las evidencias científicas son claras: las palabras y los actos definitivamente moldean la mente.

¿Cuales son los comportamientos y las palabras que tienes que borrar?

Hace un tiempo encontramos una encuesta informal, hecha por la revista Forbes, en la que preguntaban a expertos en comunicación sobre las expresiones más nocivas para los negocios, esas que deberíamos erradicar de nuestro lenguaje para aportar al futuro de los equipos y las empresas.

Según el estudio, la forma en que expresamos las opiniones e interactuamos con el entorno determina la forma como vemos las cosas y nuestras percepciones de estas. Por eso, es conveniente erradicar algunas palabras o expresiones del lenguaje de la organización para aportar desde estas al relacionamiento y al éxito de los planes estratégicos.

En este artículo queremos compartir las palabras elegidas por Forbes, agregando algunas que son igualmente peligrosas para nuestro contexto. Lo hacemos para que emprendamos un esfuerzo colectivo por eliminarlas de nuestro discurso porque aportan poco y restan mucho.

1. «No se puede»

De arranque, cerrar todos los caminos, no es una buena idea. «No se puede» es una expresión enemiga y, en algunos contextos, amiga de los grandes empresarios. Cercana a quienes demostraron que sí se podía y lograron enormes resultados corporativos y enemiga de los que se quedaron en la negación.

«No se puede» también es el escudo de la incompetencia, porque son muy frecuentes los casos en los que dicha frase lo que intenta realmente decir es «yo no puedo», «yo no sé cómo hacerlo» o, peor aún, «yo no quiero hacerlo o no quiero que se haga».

¡Combate esta expresión! Erradícala de tu negocio y ábrete a la posibilidad de descubrir nuevas formas de hacer las cosas. Sustituye esta expresión por: «aprendamos o busquemos la forma de hacerlo». El mundo necesita más líderes arriesgados y curiosos y menos líderes restrictivos. Enfrenta el status quo y rechaza el «no se puede» mostrando que «sí se puede» —y en algunos casos, se debe—.

2. «Supongo» y «probablemente»

Son comunes las expresiones o las frases usadas como salida provisional para los problemas, pero que evidencian falta de confianza o fuerza para retar una circunstancia. «Supongo» y «probablemente» son, quizá, las dos expresiones más recurrentes en estos casos.

Estas palabras no dicen absolutamente nada. Por ejemplo, cuando alguien dice: «mañana probablemente lloverá» lo que está diciendo es que puede que sí o puede que no. Es decir, no dijo nada que no se supiera. Cuando el líder de marketing dice: «probablemente alcanzaremos la meta», lo que está dando es una respuesta que tranquiliza a la gerencia, pero que abre un paraguas enorme que lo protegerá si no se consigue el resultado. «Yo les advertí que probablemente», dirá. Y también se escudará en las circunstancias cambiantes para reforzar su «probablemente».

Pero ojo, no estamos diciendo que cada diálogo corresponde a palabras talladas sobre mármol. Es perfectamente posible —y en muchos casos aceptable— que no alcancemos los resultados propuestos. Lo que advertimos es que el «supongo» o el «probablemente» mandan un mensaje erróneo al cerebro: «no te preocupes, si no lo consigues ya tienes una excusa»; y eso condicionará el esfuerzo y el desempeño.

3. «Nunca»

Eliminar de tajo la posibilidad de generar una idea o de cambiar de rumbo es un error garrafal. «Nunca» es una expresión que bloquea el cerebro, restringe la creatividad y limita la innovación. Las expresiones: «eso no lo haremos nunca» o «nunca lograremos aquello» nos ponen en la ruta del conformismo.

Emitir al interlocutor la expresión «nunca», termina siendo tremendamente desalentador y deprimente. «Nunca» desmotiva y nos pone en un estado en el que ni la creatividad ni la inventiva son bienvenidas. «Nunca» es una barrera impasable para el cerebro.

Ahora, cuando usamos «nunca», en un enunciado pasado, denota seguridad. Decir «nunca volveré a cometer ese error» es positivo, porque nos obliga a aprender y recordar para no volver a equivocarnos. El problema real del «nunca» es cuando lo usamos para una situación futura.

4. «Pero»

No siempre esta expresión tiene una connotación negativa y es debido a que en algunos casos es usada para ofrecer alternativas. El «pero» molesto —el que deberíamos evitar— es aquel que niega todo lo que lo precede; el que limita la acción o la creación: «teníamos planeado empezar a desarrollar el proyecto esta semana, pero pensamos que la empresa no estaba preparada para enfrentar el reto».

En asuntos comerciales, ese «pero» es una verdadera catástrofe, pues es incómodo para las personas y tiene una carga semántica que afecta la reputación del negocio. «Estamos en promoción, pero solo en los artículos seleccionados». Si dices eso, ¡NO estas en promoción! Estás liquidando la mercancía que tienes en el inventario y no quieres decirlo de esa forma.

¡Ese «pero» que niega lo que precede es horrible! Tenemos que erradicarlo del lenguaje de nuestro negocio. Si lo evitamos, empezaremos a sincerarnos con los consumidores y los integrantes del equipo y podremos llamar las cosas por su nombre.

5. «No»

Enunciada de forma monosilábica es la palabra más odiosa del lenguaje.

La asociación negativa de la expresión «no» es tremendamente poderosa y restrictiva. Un «no» rompe la dinámica de un diálogo. Obviamente, en algunos casos es necesaria su utilización, porque vivir en el mundo del sí es una utopía estúpida. Sin embargo, en los negocios y equipos de trabajo tenemos que luchar contra ese «no» monosilábico y darle paso al «no» acompañado de razones o explicaciones y que deje la puerta abierta a alternativas o circunstancias que lo puedan convertir en un sí.

El «no», en seco, debe desaparecer del lenguaje de negocios para darle paso al «no» con argumentos y datos que lo corroboren.

6. «Etcétera»

Robert Finder, uno de los expertos más reconocidos globalmente en técnicas efectivas de comunicación, llamó a la expresión «etcétera» como la «no-palabra». Esto se debe a que, según él, «etcétera» traslada al interlocutor la responsabilidad de completar el trabajo.

Etcétera significa: «no tengo otro ejemplo o palabra para profundizar mi punto o argumento, por lo tanto, te toca a ti pensar en otras opciones que demuestran mi punto». Si el «etcétera» sirve para resumir obviedades, es bienvenido, pero el «etcétera» que deja cabos sueltos a la interpretación no debería tener cabida en los negocios. «Necesitamos crear elementos para merchandising en la empresa, contrata un proveedor para que nos haga llaveros, lapiceros, etcétera». ¿Llaveros, lapiceros y qué más? ¿Cuadernos? ¿Gorras? ¿Balones?

El «etcétera» que deja la puerta abierta a la interpretación del interlocutor es el principio de una ruptura comunicativa que podría derivar en algún error de ejecución o implementación. Por esto, los líderes de negocio deberían combatirlo y erradicarlo del vocabulario de la empresa.

7. «Siempre»

Los absolutismos o las generalidades no son una buena alternativa para conversar ni para planificar estrategias de marketing. Los absolutismos encierran al interlocutor en una posición que podría denotar una mente cerrada o una escasez de ideas.

«Siempre que pase esto, hagamos esto otro», ¿En serio? ¿Esa te parece una buena instrucción para tu equipo? ¿Deberían actuar como robots y no analizar las circunstancias? La expresión «siempre» en un enunciado elimina la reflexión y no deja espacio a las interpretaciones; esto es evidentemente una posición intransigente y poco conveniente con las personas.

La palabra «siempre», dentro del ámbito empresarial, también podría conllevar a inexactitudes en el entendimiento del mensaje y a malas interpretaciones.

8. «Cuando…»

La expresión «cuando» —vista como condicional— no es recomendable en los negocios.

En muchos casos, «cuando» denota inseguridad o falta de decisión en los negocios —incluso demuestra una escasa planificación o preparación frente a las cambiantes circunstancias del mercado—. Las frases del tipo: «cuando obtengamos ese resultado haremos aquello» o «iniciaremos el proyecto cuando tengamos recursos» restan más de lo que suman.

Al final, la mayoría de esos «cuandos», llenos de inseguridad, terminan convirtiéndose en excusas fáciles para que los equipos no enfrenten los retos, que sirven para justificar el poco compromiso que se tiene para que algo suceda de verdad.

9. «No tenemos tiempo»

Bueno, nunca tendremos tiempo de sobra. Eso es un hecho que todos entendemos. El tiempo es como la plata, siempre encontraremos una «razón lógica» para gastarlo y nunca tendremos suficiente.

Todos disfrutamos postergando lo que en el fondo no queremos hacer. Si no fuera así, la palabra «procrastinar» no sería tan famosa en la actualidad. Las personas y las organizaciones somos procrastinadores compulsivos. Esa es una lamentable realidad y tenemos que aprender a combatirla. Por eso es tan importante que trabajemos en el lenguaje. Si combatimos las expresiones que profundizan la procrastinación —y «no tenemos tiempo» es una de ellas— estaremos agarrando al toro por los cachos.

La supuesta falta de tiempo es la excusa perfecta para seguir dilatando las tareas que tenemos que hacer cuanto antes. Al decir «no tenemos tiempo» deberíamos reflexionar y crear el tiempo para esas cosas importantes. Una reflexión profunda de por qué no hacemos lo que tenemos que hacer es un ejercicio simple que nos servirá para dar un paso más en la ruta por conseguir lo que queremos.

10. «No es el momento para…» —o «ya es tarde para…»—

Decirlo o pensarlo es justificar la falta de decisión para hacer una tarea o enfrentar un proyecto. ¿Cuándo es el momento correcto? ¿Cuando lo haga otro y perdamos la oportunidad?

«No es el momento para…» y «ya es tarde para…» son dos expresiones muy peligrosas para el futuro de los negocios; la primera la usamos para evitar el reto y la segunda para aceptar el error de no haberlo enfrentado a tiempo.

Esperar no puede ser una alternativa empresarial o profesional. Como se lo escuchamos en algún momento a Seth Godin —un importante escritor de libros de negocios y conferencista internacional—: «El mejor momento para empezar fue el año pasado y el segundo mejor momento es ahora».

Bono extra: «ese no es mi trabajo»

¡Odiamos esta expresión!

Generalmente, cuando alguien la usa está en lo correcto; pero verbalizarlo es definitivamente antipático y mediocre. Sí, si trabajas en marketing, no tendrías que encargarte de otras cosas dentro de la empresa, pero ¿te cuesta mucho hacerlo en un momento de oportunidad real?

Se supone que la consecución de resultados es una responsabilidad colectiva y aunque una tarea posiblemente no sea una responsabilidad directa, el objetivo final sí lo es.

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